La mayoría de nosotros tenemos un defectillo llamado “orgullo” que a veces no nos permite darle paso a la humildad para aceptar una equivocación. Unos más que otros nos hacemos los ciegos, los tontos, los tartamudos antes de reconocer que hemos cometido un error que merece una bajada de cabeza y un pronunciamiento de esa palabra que no sé por qué cuesta tanto escupirla. Ppppp… Pppp… Perrr… Perrrr… Perdón. ¡Por Dios, no es tan difícil!, es una palabra, una simple palabra como “coliflor”, “regadera”, “calamar”, “esternocleidomastoideo”, ¿por qué cuesta tanto pronunciarla?
¿Cuál es el problema? ¿Será que a las mujeres nos cuesta más disculparnos o será que a los hombres les es más difícil? ¿Quién necesita más escuchar esa palabra?
Y finalmente, y disculpen el folclore de esta lírica, pero ¿quién la para cagando más seguido y por ende quién debe sentirse más obligado a pedir disculpas?
Hay perdones y perdones: sinceros y mentirosos, obligados y gratuitos, colectivos y personales, reflexionados y escupidos. ¿Cuál de todos esos es el que vale? ¿Cuál de todos esos es el que prefieren las mujeres?
Seamos francos, las mujeres necesitamos con urgencia del perdón. Somos extremadamente sensibles y por lo tanto nos ofendemos por las cosas más insólitas, incomprensibles para ustedes los hombres. Cinco minutos de tardanza, una palabra omitida, una llamada sin hacer, un comentario subido de todo… uff, podría seguir con esta lista hasta cansarme, pero la verdad es que empieza a darme vergüenza. Es así, las mujeres nos molestamos con mucha facilidad y una buena forma de quitarnos la molestia es con la famosísima pedida de disculpas. Ahora, como todo lo que se usa en exceso, el perdón pierde su valor cuando se usa en demasía. Ustedes tienen que aprender a saber cuándo usarlo porque lo cierto es que a veces las mujeres nos aprovechamos de la situación y empezamos a coleccionar sus disculpas y eso a la hora del conteo vale… el que tiene más disculpas recibidas y acumuladas, gana. ¿Y ustedes de qué lado quieren estar?
Nada de caprichos, basta de soportar los caprichos femeninos que no merecen disculpas. “Porque tú me dijiste que no querías cuando en verdad sí querías y no te importaba lo que yo quería y al final yo pensé que sí pero no y bla bla bla”… no mamita, demasiado complicada, ni tú entiendes por qué estás ofendida. Para esos casos es mejor invitarles un buen vaso de agua para que se tranquilicen y así puedan seguir en lo que estaban. Así que no desgasten sus perdones en momentos hormonales o en llanos engreimientos, recuerden que una vez que pronuncian la palabra perdón se estarán declarando como los culpables del crimen, y al mismo tiempo estarán coronando a su mujer como la víctima, y si hay algo que de verdad disfrutamos las mujeres es ser las víctimas, qué rico, mejor que pan con leche condensada.
''Perdón cuando prometí algo que significaba mucho y lo olvidé'' . Perdón cuando estallé y me descargué contigo por haber tenido un pésimo día en el trabajo. Perdón por tirarte un manazo en la mitad de la noche mientras dormíamos. Perdón por haberte dicho “gorda” en plena discusión. ''Perdón por no abrazarte cuando lo necesitabas'' . Si claro, todas esas situaciones merecen perdon, eso parece bastante obvio, aunque invito a los lectores a debatir si es que alguno de mis ejemplos no son dignos de unas disculpas. Pero hay otro tipo de situaciones donde todo se vuelve un poco más ambiguo, más engorroso y uno no sabe si debe o no pedir perdón, inclusive las mujeres no sabemos si debemos esperar unas disculpas o no.
Lo que yo quiero que quede claro en este artículo tan desordenado y multifacético es que el perdón puede ser un lindo instrumento para curar una herida pero hay que darle el valor que se merece. No desperdiciemos perdones, no caigan ustedes en nuestras manipulaciones, no sean mongos y sepan identificar cuándo es justo y cuándo no pedir perdón. Si van a pedir perdón háganlo en serio, mirando a los ojos, con determinación, creyendo en lo que dicen. Ni es tan grave ofender ni es tan grave pedir perdón, así que si ofendes, pide perdón y si te piden perdón, deja de ofenderte.